jueves, 23 de octubre de 2008

El Discurso del Astrólogo

[...El Astrólogo] Dijo: ­

Sí, llegará un momento en que la humanidad escéptica, enloquecida por los placeres, blasfema de impotencia, se pondrá tan furiosa que será necesario matarla como a un perro rabioso...
­
¿Qué es lo que dice?... ­

Será la poda del árbol humano... una vendimia que sólo ellos, los millonarios, con la ciencia a su servicio, podrán realizar. Los dioses, asqueados de la realidad, perdida toda ilusión en la ciencia como factor de felicidad, rodeados de esclavos tigres, provocarán cataclismos espantosos, distribuirán las pestes fulminantes... Durante algunos decenios el trabajo de los superhombres y de sus servidores se concretará a destruir al hombre de mil formas, hasta agotar el mundo casi... y sólo un resto, un pequeño resto, será aislado en algún islote, sobre el que se asentarán las bases de una nueva sociedad.

Barsut se había puesto en pie. Con el entrecejo fiero, y las manos metidas en los bolsillos del pantalón, se encogió de hombros, preguntando: ­
Pero, ¿es posible que usted crea en la realidad de esos disparates? ­
No, no son disparates, porque yo los cometería aunque fuera para divertirme.

Y continuó: ­

Desdichados hay que creerán en ellos... y eso es suficiente... Pero he aquí mi idea: esa sociedad se compondrá de dos castas, en las que habrá un intervalo... mejor dicho una diferencia intelectual de treinta siglos. La mayoría vivirá mantenida escrupulosamente en la más absoluta ignorancia, circundada de milagros apócrifos, y por lo tanto mucho más interesantes que los milagros históricos, y la minoría será la depositaria absoluta de la ciencia y del poder. De esa forma queda garantizada la felicidad de la mayoría, pues el hombre de esta casta tendrá relacion con un mundo divino, en el cual hoy no cree. La minoría administrará los placeres y los milagros para el rebaño, y la edad de oro, edad en la que los ángeles merodeaban por los caminos del crepúsculo y los dioses se dejaron ver en los claros de luna, será un hecho.
[...]


Roberto Arlt - Los Siete Locos

(sólo un fragmento de una obra de la puta madre)

lunes, 6 de octubre de 2008

Hablamos, hablamos y no dejamos de hablar, cataratas de palabras, letras, combinación de letras, sonidos, sordos, y ya nada tiene tanto sentido. Las palabras entran y salen, dicen y no dicen.

Cuando era chica, odiaba a mi Mamá porque me había puesto un nombre sin A, Rocío, para mi era un nombre horrible, que no era de "nena", porque no terminaba en a. Se lo reproché como hasta los 10 años creo. Cuando alguien me preguntaba como me llamaba lo decía bajito, para que no se note tanto.

Al final, nada es tan terrible, ni tan lastimoso. Al final, decimos lo mismo con otras palabras, en otro volumen, y sale el sol otra vez. A veces suele ser fácil, pero la voz lo complica todo (entre otros)...

miércoles, 1 de octubre de 2008

culpable

¿Quién determina quién tiene la culpa? ¿Quién puede decir que la culpa de los proyectos truncos, sueños frustrados fue de uno o de otro? ¿Fue todo mi culpa, toda tu culpa? ¿O es compartida, mitad y mitad?


Se me ha instalado una nube delante de la cara.


Y si volvemos a los años de irresponsabilidad? De proyectos lejanos, de algun día. De sueños a realizar. Aquellas madrugadas de charlas eternas, cigarrillos consumidos en el cenicero, con mates de por medio, cerveza o vodka con naranjas. Cuando brotaba la verborragia y la honestidad podia ser brutal (literalmente).


Cuando nunca era tarde para llegar a casa y tirados en la cama andabamos desandabamos nuestras vidas.


Yo tambien extraño visitar a mis amigas en las noches y teorizar sobre cualquier cosa. Esperarte, esperar tu llamado, y la emoción del solo hecho de recibirlo.


¿Maduramos?


¿Por qué alguien tiene que tener la culpa?